Colorao

Rimas dedicadas a todas aquellas aves de rapiña, prestamistas y demás derivados que aprovechaban los monos para apropiarse de todas las piezas de oro posibles.

Me despierto muy temprano
con el mono ‘colgao’ a mi cuello,
mi objetivo es conseguir guita,
en efectivo o en ‘colorao’,
para meterme un buen buco,
y ponerme ‘to morao’.

Colorao.

Mi padre trabajando,
mi madre haciendo la compra en el ‘mercao’,
yo sólo en casa con el mono de heroína,
y el joyero lleno ‘colorao’.

Mis pensamientos van a mil,
podría empeñarlo a mi camello,
mientras me lo pienso me jalo un tranquimazín,
el pensamiento no es muy extenso,
me ha faltado tiempo,
para cerciorarme de ello.

Colorao.

Echo mano del joyero,
y de ‘to el colorao’ me apodero,
la esclava de mi padre,
el pasador de la corbata,
los gemelos de su camisa,
¡joder! parezco una urraca.

Mi madre tampoco se escapa,
que tristeza, que pena,
pero yo le robo una una pulsera
con un brillante engarzado,
el anillo de casada y su cadena.

Colorao.

Por momentos me arrepiento,
pero dura lo mismo que el pensamiento,
nada y menos, puesto que el mono que llevo,
me hace ser egoísta y no hago más que pensar,
a ver cuánto saco de toda la ristra.

Antes de ir a mi camello,
pienso en un prestamista,
quizá me de un buen pellizco,
y pueda elegir donde pillar mi heroína,
que equivocado que estaba,
sólo entrar en la casa de empeños,
ya me olía lo que pasaba,
cara de buitres, pensando que no me entero,
me vieron entrar con el mono,
y quisieron robarme el dinero.

Colorao.

¿Cuánto me das por esta ristra?,
por todo junto te doy lo que valen
los gemelos de la camisa.
Anda y ‘empétate’ tu dinero,
que no sólo eres ave de rapiña,
sino el rey de los buitres carroñeros.

Me voy a casa de mi camello,
el mono ya no sabe por donde trepar,
le pongo ‘to el colorao’ en la mesa
y el camello sus manos empieza a frotar,
me ofrece una buena cantidad de material
y el mono ya no se resiste, acepto tu oferta,
pero dame ya el alpiste.

Colorao.

Mi camello está ‘encantao’,
a él la heroína le sale tirada,
yo más contento que un 8,
y el con ‘to el colorao’.

Los únicos jodidos en esta historia,
se darán cuenta al volver
del trabajo y del ‘mercao’,
cuando vean que no está el joyero,
y se percaten que su propio hijo
les ha ‘robao to el colorao’.

Moraleja:
Donde se come no se caga…

compro-oro-672xXx80

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